miércoles, 31 de agosto de 2011

Demi Lovato - Skyscraper



Os ha pasado alguna vez, que gente cercana , amigos o conocidos, han querido confiar en vosotros para contaros problemas que inundan sus pensamientos y que no saben como afrontarlos?

¿Cuando yo me pregunto porqué han decidido elegirme a mi para ello, no lo entiendo. ¿Qué voy a aportarles? ¿No os lo habéis preguntado?

De hecho, quizás, esas mismas personas os han dicho que les dais confianza. A mí, incluso a veces me han dicho que soy como su conciencia y yo sé que esto es porque, aunque pueda tener una relación afectiva con esa persona, creo tener la capacidad de ver objetivamente los hechos.

Sin embargo, ¿es esto lo importante? He podido darme cuenta de que realmente, aunque esto no esté de más, lo que de verdad es importante es tener la suficiente capacidad para comprender los propios hechos, tus propios problemas de manera objetiva y verlos como podría verlos una tercera persona ajena a todo ello.

¿Vosotros sabéis? Es más complicado echarse la culpa a uno mismo de algo o reconocer cuando se está haciendo algo mal o cuando se está hiriendo a alguien que echársela al otro, ¿verdad?

En estos casos, lo único que nos ocurre es que, aunque la objetividad esté presente, no queremos verla y por gracia o por desgracia, seguimos a lo nuestro.

La mayoría de las veces en que la gente ha querido contar conmigo para intentar solucionar de una manera u otra las cosas que pasan por su mente he pensado que el mejor consejo que puedo dar es que "todo aquello no aporte nada bueno a nuestra vida, debemos sacarlo de ella".

A veces me da por pensar que es un poco radical, ¿no?

Otro de ellos, es intentar sacarle el lado positivo a las cosas, pero a veces, por lo mismo que hablaba antes de no saber captar el problema dejando de lado todo tipo de sentimiento, no sabemos hacerlo casi nunca.

Animar a la gente cuando no tienes ánimo propio que darte a ti mismo, cuando te hacen sentir que no queda nada de ti, cuando intentan romper todo lo que tienes como si fueras de papel y no fueras a sentir nada mientras lo hacen... es prácticamente imposible.

¿A qué quiero llegar con todo esto? A que me he dado cuenta de que podemos dar mil consejos a la gente, pero que a la hora de la verdad, cuando nos encontramos en esa situación. ¿Verdaderamente somos capaces de seguir nuestros propios consejos o simplemente nos ahogamos en nuestras penas?

Para que de verdad un consejo sea válido, tú mismo debes sacar fuerzas de cualquier parte, olvidarte de todo, alejarte de aquello que te atormenta.

Levántate....Like a skyscraper.



martes, 9 de agosto de 2011

Backstreet boys - Bigger




Es probable que alguna vez en vuestra vida hayáis conocido a alguien que lo da todo sin recibir nada a cambio. ¿Tengo razón? O quizás, tú seas esa persona: el chico o la chica que todo el mundo quisiera tener a su lado, como amigo, como pareja, como compañero de trabajo… Aunque, bueno, tampoco puedo olvidar a esos que prometen y prometen, y nunca cumplen lo prometido, o que lo hacen pero por puro interés.

¿En cuál de los tres grupos te incluirías?

Si perteneces al primer grupo, al de aquellos que han conocido a alguien que lo ha dado todo por ellos… ¿Cómo os hace sentir eso? ¿Os sentís halagados? ¿Os sentís a la altura? ¿No habéis sentido que no merecéis a esa persona? Quizás, incluso puedes sentirte un completo desastre a su lado y aún fallando, esa persona no te falla a ti y continúa ahí pase lo que pase, aunque sepa que quizás en un futuro, no pueda contar de la misma manera contigo por un motivo u otro.

Si perteneces al segundo, al grupo de esas personas que necesitan dar todo de sí, sin importarles en absoluto, chapó. Realmente existen pocas personas en este mundo que ayuden a los demás por puro amor al arte o por la pura satisfacción personal que ese hecho produce en ellos. Ni siquiera pueden hacer que os enfadéis y que sintáis tanta rabia por algo o por alguien como para cambiar eso. Simplemente, seguís ahí, sin importar como, cuando o donde. Gracias.

Y si crees o te acabas de dar cuenta de que perteneces al tercero, por favor, cambia. No regales los oídos, no confundas a las personas y mucho menos, te aproveches de la inocencia, bondad o buen hacer de otros.

Siempre me gusta hablar desde el conocimiento y esta vez también lo he hecho. Lo mejor que puede ocurrir es que hagamos aparecer un cuarto grupo: conviértete en alguien que se implique sin querer recibir nada y ten a alguien a tu lado, que haría lo mismo por ti.

¡Sed grandes!

BE BIGGER.


sábado, 6 de agosto de 2011

Avril Lavigne - Remember When



Todo cambia. Todo. Las cosas importantes, las no tan importantes, lo fácil, o lo difícil. El tiempo pasa y cuando nos damos cuenta, todo ha cambiado y quizás, en el peor de los casos (o en el mejor, todo depende de cómo se mire) incluso ha terminado.

¿Cuántas veces habremos dicho todos nosotros “Te acuerdas cuando…”? ¿Os habéis parado alguna vez a pensar en el por qué de esa pregunta?

Probablemente, el hecho de que todo cambie, se debe a que somos nosotros los que cambiamos. Nada cambiaría si nosotros permaneciéramos siempre igual, de la misma forma, impasibles al paso del tiempo.

En ocasiones, se puede pensar, lo mejor sería que todo permaneciera igual, que ese paso del tiempo no deteriorara todo lo que estuviera a su lado, pero somos las personas quienes tenemos toda la culpa. ¿No es verdad que muchas veces vemos como todo pasa, como se estropea ante nuestros ojos y no hacemos nada para evitarlo? ¿Y después qué? Intentamos cambiarlo de nuevo, mejorar la situación de cualquier forma…Y si no, cuando vemos que ya no existe el remedio, nos agarramos al ”¿Te acuerdas cuando…?”.

Esa expresión debería estar limitada a los hechos que no nos han aportado nada bueno en nuestra vida. Lo que nos ha hecho ser felices nunca debería ser recordado así, con esa manera de hablar porque significara que todo ha terminado, que ya no va a volver, que ya no existe eso que nos hacía sonreír.

A pesar de eso, no podemos evitar hacerlo. Suena irónico, porque los malos recuerdos nunca deberían ser recordados, si no olvidados en el fondo del cajón que menos vayamos a abrir.

Supongo que cada uno tendrá una vivencia, un hecho, que le lleve a interpretar estas palabras de una forma u otra. Yo me quedo con la mía, que de momento, para mí se queda.

Y ahora, piensa…”¿Te acuerdas cuando…?”